No hay filósofos, pues cada uno es ya muchos.

Una respuesta a revista Arcadia por César Gómez / @Alacontra.

Le dedico esta entrada a todos aquellos que saben que son aquellos.

Escribir sobre el asunto después de plumas (o dedos sobre el teclado) como las que se han expuesto hoy en este espacio, no deja de ser intimidante. A mí, personalmente, no deja de parecerme melodramática la pregunta por ¿Dónde están los filósofos? A mí, la verdad, esa respuesta me tiene sin cuidado. Sobre todo porque el tono a lo largo del artículo se va haciendo más acusativo que inquisitivo, de tal forma que la personificación de tales “filósofos” mal buscados suena a personalización de culpas o parche de cuitas bajo el paraguas de la añoranza de tormentas de mejor talante. En fin, digo que  la pregunta por los filósofos me tiene sin cuidado, porque la desplazaría primero a la pregunta por el lugar mismo de la filosofía, que no es más que la sustantivación del verbo “filosofar”. Prefiero llevar la discusión y esta réplica a una inquietud por esa necesidad necia, heredada de una gramática de la estirpe de redactores de constituciones, de buscar sujetos -ya sea tácitos o explícitos- para todo verbo. El dónde debería inquerir por el lugar de la actividad del filosofar. Esto le hubiera permitido al periodista cultural visibilizar que las comunidades que tan mal paradas salen, al considerarlas meras aglomeraciones de individuos que desaparecen tras un colectivo. Porque si hay un lugar para la filosofía, y que además ella reclama una y otra vez, no es el de los manuscritos anhelados, o el de las monografías conducentes a títulos o a cualquier otra modalidad de “acumulación de tarjetas de puntos del supermercado llamado academia”, es el lugar de lo que sucede entre aquellos que no necesariamente se adjudican una acción que por principio demanda su circulación.

Por eso se confunde la ausencia de nombre propios “massmediáticos” (sic) con una ausencia de aquella actividad que ante todo se realiza en nombre de lo común. El carácter público de la filosofía no se reclama en vociferaciones lenguaraces que esperen tomar presencia en los medios. Empecemos por decir que el carácter común de la filosofía consiste en que, tal vez, no existe nimiedad más potente que la de introducir la pregunta allí donde la obviedad cunde como metástasis en un mundo que da por hecho los hechos. Y eso, a pesar del título a manera de interrogante, es lo que menos hace el artículo en cuestión. Si vas a buscar un pisco encerrado, lo encontrarás bajo un paraguas, no propiamente de marfil sino con un pretencioso mango de madera. Si vas a buscar filosofía debes acudir a grandes sombrillas que alberguen a más de uno, o dos o tres. Tendrás que ver más blogs, leer más comentarios que hacen en 140 caracteres lo que no hace más de uno con 100 páginas a su disposición. Y es que la filosofía acontece entre las personas, a pesar del mercantilismo al que Colciencias haya querido someter toda producción. La filosofía nunca ha sido otra cosa que colectiva, pero no por arrume de cerebros, sino por conexiones entre ellos y los mundos que interrogan.

El hecho de que los “massmedia” (sic), por “culturales” o “culturalistas” que se autodenominen, no interroguen sino que vociferen afirmaciones a diestra y siniestra, es evidencia de la ausencia y el retiro de cualquier filosofía en su terreno. Pero confundir los masmelos mediáticos con el registro de lo público, y confundir este con lo común, son dos de los muchos errores y lugares comunes en lo que incurre el periodista cultural autor del artículo. Porque si es cierto, como se rumorea, que estudió filosofía, fijo que ahí es el primer lugar donde No encontrará a la filosofía. Por andar buscando filósofos encontró estrellitas del establecimiento que no constituyen una representación de una actividad polifacética y que transcurre en muchos lugares, que precisamente para el autor no son “propiamente filosóficos”. Representan eso sí, como se ha dicho en otros textos de respuesta, su propia ausencia.

Si quieres repuestas, busca que te lean el Tarot. Ni utilidad, ni verdad. La filosofía es una tarea en sí misma. Pero la filosofía transcurre entre manadas nómadas, entre territorios de caza inexplorados. Buscas filósofos y no puedes ver las hordas. Buscas filosofía y no puedes si quiera preguntar, porque claro, las preguntas nunca nos son propias, nos han sido confiadas por la memoria o la curiosidad.

Que ¿quién escribe esto entonces? preguntará usted ¿No responde usted como filósofo? Acaso será su falso cuestionamiento que afirma lo que dice ignorar. A la primera pregunta le responde una multitud de textos. A la segunda le responde alguien que ha trascurrido por un lugar llamado filosofía. He pastado, bebido, orinado y cagado en ese territorio de una manada sin número, de un cardumen que baila al aroma de un tinto. Por eso ni hay filósofos, uno a uno, que no sean ya muchos. Por eso no hay lugar para la filosofía por que ella es lugar, el lugar para filosofar. y ¿quién filosofa entonces? será su última pataleta. ¿Por qué supone que tal acción debe ser de un sujeto? Le respondería ella.

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7 Responses to No hay filósofos, pues cada uno es ya muchos.

  1. ApoloDuvalis says:

    De acuerdo. Tal vez el articulista no vio el accionar de la filosofía porque esperaba ver respuestas en lugar de preguntas.

  2. Pingback: ¡Aquí están los filósofos! « | catalinapordios | Blogs | ELESPECTADOR.COM

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  4. Pingback: No hay filósofos, pues cada uno es ya muchos. (via Alacontra’s Blog) « Blog de Juan Fernando Mejía Mosquera

  5. Jhon Alexánder Idrobo-Velasco says:

    ¿LOS FILÓSOFOS? SÍ ESTÁN… SÍ SEÑOR, ¿DE PARTE DE QUIÉN?

    Jhon Alexánder Idrobo-Velasco*

    Después de haber leído el artículo en su aparición (luego de un reenvío del profesor Juan Cepeda H. y otros varios amigos), no había tenido la oportunidad ni el tiempo de leer los pronunciamientos frente al artículo de la Revista Arcadia. Sin embargo, hoy me he sentado a leer con cierta inquietud el intrigante debate.

    I. La lectura crítica siempre ha estado, mucho más marcada entre nosotros

    Si bien parece haber una invisibilidad de la Academia filosófica en el país, también hay una cuasi-justificación frente a lo que se comprendió por Filosofía colombiana hasta hace muy poco. Mi crítica acerca de hablar de “La” Filosofía europea y su recepción (traducción) en nuestra nación sigue vigente. Estoy de acuerdo con el comentario del profesor Juan Fernando Mejía M.** cuando reconoce con nostálgica verdad que a nosotros siempre “se” nos mostró que lo único que nos restaba era repetir lo que los “grandes” autores decían en su lengua original, pues parecía que nosotros éramos incapaces de pensar-nos desde una conceptualización propia. Sin embargo, eso no fue un para siempre en la historia de nuestro pensamiento. Actualmente hemos caminado de regreso, pues nos hemos dado la oportunidad de re-conocer que tenemos algo por decir desde nuestra lengua, no la de la respetada Real Academia de la Legua Española, sino desde nuestra regional forma de manifestarnos.

    Nos seguimos construyendo y es porque estamos madurando como pensadores; en una expresión parafraseada del amigable Miguel Ángel Villamil: “dejamos de comer compota, ahora hemos empezado a comer soliditos”. Y es que faltaba nuestro paso, el del giro: del logos al mito. Ahora es que descubrimos que nuestra sabiduría popular, o nuestro pensamiento más propio es que el que debía dar respuesta a nuestros problemas. Lo afirmo así, porque en mis dos espacios formativos (el Seminario Conciliar de Bogotá y la Santoto) me enseñaron a leer a los filósofos, pero se les olvidaba a veces que en nuestro contexto la vivencia y escritura de la historia fue otra. Por eso afirmo que la lectura crítica ya estaba en medio de nuestra academia, incluso más marcada que la que aparece en el artículo del articulista.

    II. Aquí estamos.

    ¿Dónde estamos los “filósofos”? Atrevido título, si accedemos a él desde la etimología, cliché de mis primeras clases de año en el colegio donde trabajo. “Amor a la sabiduría”, amor al conocimiento, amor a la verdad. Estamos aquí, en medio de una situación compleja de ofertas laborales reducidas. ¿Cuántos filósofos nos graduamos semestralmente? Al menos en mi facultad salimos unos diez aquel septiembre de 2010. De los cuales, el 80% somos docentes. Parecería que la aspiración no es mayor, pero para ingresar a laborar en otro ambiente necesitamos tener experiencia en la educación escolar, o en términos reales: quemarnos, fundirnos, hacer escuela, etc. Sin embargo, estamos aquí, somos con el de a pie ¡Somos el de a pie! Sabemos de lo que sucede y padece este país. No somos extraídos en un secuestro espacial***, ni llevados al topos uranos a acompañar el espíritu hegeliano.

    Estamos en medio de la juventud, intentando generar un espíritu crítico de las problemáticas sociales, rogando a Dios (quizás el Dios de los filósofos****) que alguno sea un abogado-crítico, un economista-crítico, un artista plástico-crítico, qué sé yo. Pero no pueden echarse en saco roto los esfuerzos por generar en los jóvenes una postura distinta de la vida en medio de la “massmediatez” en la que viven. Logros, hay varios, los encuentros académicos organizados por instituciones para que los jóvenes vean que la filosofía es la caja de herramientas al estilo de lo propuesto por M. Foucault donde pueden aprovechar lo que necesitan, así no sean filósofos de profesión, pues el pensamiento no es ajeno a lo que escojan para sus proyectos de vida.

    Aquí estamos. No somos de otra forma. Delante de nosotros, están los que abrieron sendas: un Daniel Herrera, un Danilo Cruz Vélez, una Teresa Houghton, un Luis Edo. Suárez, un Samuel Hernández; entre otros muchos, respetadísimos por su tradición y aporte a nuestras facultades; generadores de lecturas críticas frente a nuestras realidades. O incluso hablar de lo que a mí me emociona hablar: un pensamiento que ayude a vernos desde lo que somos. Quizás la respuesta estaba dada en el pensamiento del indígena, el negro, el pobre, en el pensamiento popular, lectura clara del pensador argentino Rodolfo Kusch y que tiene su eco en el Grupo de Investigación Tlamatinime sobre Ontología Latinoamericana GITOL*****. Se está en el camino, buscando en la raíz, estamos nosotros buscando una respuesta en lo que nosotros mismos hemos venido siendo en estos siglos de resistencia.

    Que ¿dónde están? en las facultades de Sociología, de Psicología, etc. Por ejemplo, en nuestra facultad de filosofía de la Santoto está la profesora Nidia Caterine González, con una lectura de los movimientos sociales que exige una postura del filósofo en formación; o la Doctora Myriam Zapata con un trabajo serio del fenómeno de desplazamiento en América Latina. Ni qué decir del Profesor S. Catro-Gómez que ha llevado a la filosofía colombiana a otro estadio. En este punto es válido preguntarnos: ¿Acaso le faltó iniciativa investigativa al escritor de artículo de Arcadia? Otra cosa es que no desean figurar en un desfile de farándula-filosófica.

    III. ¿Los filósofos? Sí están, ¿de parte de quién?

    ¿Quién pregunta ‘dónde están los filósofos’? La Revista Arcadia. Una línea de la Revista Semana, o mejor, el equipo editorial de dicho Medio Masivo de Comunicación colombiano, que en sus haberes tiene publicaciones “serias” como: JetSet y Fucsia… ¿Acaso publicaciones de investigación académica o rigurosidad científica? Aunque, nos falta decir, que junto a éstas dos, también está una publicación llama SoHo, una revista que usa orgullosamente el slogan de: “prohibida para mujeres” ¿Legitimación de las luchas de género de otros tiempos?

    En fin, Arcadia está entre estas publicaciones y se promulga como ” la mejor oferta del mercado en cuanto a cubrimiento de las noticias y tendencias del mundo cultural”******. Siendo así el panorama, podríamos hacernos a una idea sobre el horizonte de comprensión de la cuestión.

    Creo que una de las mejores respuestas para nuestros “investigadores incanzables” -perdón pero no encontré un emoticón para el sarcasmo- de la Revista Arcadia, una publicación de “tradición filosófica en nuestro medio”, no sé si al alcance de la del admirable R. Fornet o cosa similar… ya me desvié por el enojo indio que me consume… creo que una de las mejores respuestas es la de César Gómez *******:

    «¿Dónde están los filósofos? A mí, la verdad, esa respuesta me tiene sin cuidado. […] La filosofía es una tarea en sí misma. Pero la filosofía transcurre entre manadas nómadas, entre territorios de caza inexplorados. Buscas filósofos y no puedes ver las hordas. Buscas filosofía y no puedes si quiera preguntar, porque claro, las preguntas nunca nos son propias, nos han sido confiadas por la memoria o la curiosidad.»

    No siendo más… ahí les dejo esta “filosofía”… que en palabras del Pinche filósofo Juan Cepeda H. es “una filosofía de la mierda”, o sea… de las entrañas… porque así la sentí al escribirla… ¿y qué culpa que yo sea más sentimiento que razón?, ¿no ven que soy más indio que filósofo?

    ___________
    * No sé si importe mucho, pero soy Licenciado en Filosofía y Lengua Castellana de la Santoto… pero hay algo que sí importa mucho más: soy hijo de Jorge y Mary, campesinos colombianos, los tres, orgullosamente seguimos andando en buseta y pedimos rebaja; también pedimos ñapa en la tienda cuando compramos el pan, herencia de la “yapa” indígena precolombina de los tambos andinos.
    ** http://juanfermejia.wordpress.com/category/aqui-estan-los-filosofos/
    *** Que se me perdone por usar este término en un país tan acosado por este flagelo, pero no es más que una caricaturización de lo que cree el articulista de la R. Arcadia
    **** Quizás Ratzinger es mejor filósofo que Papa… http://www.camino-neocatecumenal.org/neo/leer%20y%20meditar/benedicto%20XVI/El%20Dios%20de%20la%20fe%20y%20el%20Dios%20de%20los%20filosofos.pdf
    ***** http://www.tlamatinime.es.tl/
    ******http://www.revistaarcadia.com/QuienesSomos
    ******* https://elgeniodelamultitud.wordpress.com/2011/03/29/no-hay-filosofos-pues-cada-uno-es-ya-muchos/

    ___________

    J. Alexánder IDROBO-VELASCO
    Licenciado en Filosofía y Lengua Castellana
    Universidad Santo Tomás
    Estudiante de Maestría en Filosofía Latinoamericana

  6. Qué hacen los que por fin hemos conseguido no hacer nada
    I
    Llego tarde al debate, lo siento, pero me gustaría empezar por aquella exaltación con la que los llamados a sí mismos “filósofos” -por título académico o ejercicio profesional- responden a una intencionada pregunta “de titular” hecha para “picar lenguas” (¡nada más!). Sin duda, el centro de la polémica son los “estereotipos” que rodean a la representación pública del filósofo y el perezoso esfuerzo de los primeros interrogados por superar una -dicen…-equivocada imagen. Los otros aludidos, en esta suspicaz pregunta, sienten una insoportable “piquiña” y se lanzan a responder con valentía -de gremio- acerca del por qué ellos consideran que ellos mismos, como filósofos, rompen los “estereotipos” e intentan erigirse, a sí mismos, una vez más, como ejemplos de la imagen reguladora que ahora debemos tener de la función pública del filósofo.
    En mi opinión creo que no hay estereotipos que atacar, ni “vidas filosóficas” que defender o reivindicar. No hay que generar una histeria profesional porque a un periodista se le ocurre preguntar si entre el filósofo y la sociedad existe una cordial relación de indiferencia. Cualquiera que no sea redactor, de Arcadia, sabe que los buenos de Sierra, Zubiria y Parra no han hecho a lo largo de sus vidas más que su trabajo y lo han hecho bien en un país bastante complicado…incluso para respirar. Sierra fue de los primeros en transmitir la obra de un profesor exiliado en Nueva Zelanda que habló de un modelo, bastante problemático, de “sociedad abierta” ¿Tiene algo de estereotipado enseñar las claves un asunto prioritario para el “paisito” que nos ha tocado en gracia? ¿No es suficiente la educación y el trabajo académico como respuesta a la función pública del filósofo? Algunos, al parecer, le hacen el juego a un titular y se olvidan de las edades y las respuestas que han pasado por esta sugerente cuestión ¿Qué demonios hace un filósofo? Pregunto a los corresponsales de este debate si es posible tratar esta cuestión según el lugar, el tiempo y la sociedad en la que vivimos. Será exigir mucho pedir un poco de sentido común y menos twitteo aforístico.
    II
    Aquel diplomático florentino, a bailes con una excéntrica familia que le pagaba por sus notables servicios, decía que si observamos la historia los filósofos no entran los primeros en las ciudades conquistadas, lo hacen entre los rezagados, escondidos en los carros de heno que entran junto a los cocineros y al burdel de campaña. Siglos después al hijo del pastor, luego filólogo, pero entusiasta de la artillería prusiana, le hubiera disgustado que le juntaran con las diversiones de la soldadesca. Igual que al indispensable heredero vienes que se alistó en la Gran Guerra para acabar en un campo de prisioneros dándole vueltas a la idea de que ciertas expresiones mejor debían callarse porque resultaba inútil intentar decirlas. Ni que hablar del deber que cumplió el ateniense más feo y más preguntón de la historia en las guerras espartanas, reclamo que sus defensores usaron para salvarle de una irrevocable condena: no creer en los dioses. También está aquel que fue vendido como esclavo por diferencias irreconciliables con su discípulo, un tirano cualquiera, y qué decir del emperador que sucedió a Adriano. Estos son los filósofos a veces prisioneros, otros emperadores, muchos soldados, vagabundos, jorobados, diplomáticos, preceptores, extrañados por sus pueblos o condenados a la soledad.
    Cuando me asomo a esta “personajada” busco consuelo en la curiosidad periodística y en el escándalo de los filósofos, muy de blogueo y facebookeo, que se olvidan de otro que intentó en las elecciones anteriores anticiparse a la esperpéntica corruptocracia que ahora gobierna en la figura de ese filipichín renegado, reluctante a la obediencia con el patrón. Si, puede que la ola verde fuera de charco y el surf de la esperanza nacional se truncara, pero ese es filósofo. No entiendo cómo dejamos de hablar de las cosas que tenemos ante nuestras narices e indolentes nos da por el discurrir. Hace falta mucha filosofía…en esos que se dicen filósofos.

  7. Pingback: ¿Quién o qué (no) ve los filósofos? en El laberinto

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